El FMI: Le haré una oferta que no podrá rechazar

El pasado enero, el Banco Mundial dio a conocer las Perspectivas económicas mundiales de crecimiento en el 2020, en la cual se proyectaba que para este año este se acercaría al 2,5%. Y, ahora, considerando que según las proyecciones del FMI con relación al contexto del COVID-19, en el que se prevé que la economía mundial sufra de una contracción de -3% en el año, se vuelve crucial la adopción de medidas en materia de política fiscal y monetaria para que los estados hagan frente a la desaceleración y -muy probable- crisis económica mundial.

Medidas extraordinarias en época de pandemia. Eso es lo que sugiere la última edición, correspondiente al mes de abril, del informe Monitor Fiscal del Fondo Monetario Internacional (FMI). En tal sentido, las recomendaciones para la reactivación de la economía están dirigidas a la aplicación de un marco denominado IDEAS, esto es, el incremento del gasto público con la finalidad de mejorar los sistemas de salud, infraestructuras, tecnología verde, educación e investigación, similar a lo realizado en momentos históricos de crisis, por ejemplo, el benévolo new deal post crack de 1929 o el plan Marshall para Europa occidental post 2ª Guerra Mundial -todas basadas en planes de envergadura global de tipo Keynesiano-. Así mismo, recomienda incidir de manera excepcional en los sistemas tributarios, apoyando la idea de mantener una fiscalidad progresiva que permita elevar los impuestos a los más ricos para combatir las brechas de desigualdades existentes.

Sin embargo, estas políticas fiscales deben ir acompañadas de una política monetaria acorde a los objetivos de las primeras, bajo supervisión multilateral de manera permanente del FMI para establecer marcos de políticas monetarias -en su mayoría expansivas- en los Bancos Centrales. Una de estas medidas no convencionales ha sido el quantitativ easing (QE), esto es, afectar directamente la base monetaria mediante la compra de activos financieros públicos y privados y en consecuencia incrementar la demanda agregada para evitar la inestabilidad financiera.

El uso del QE se ha venido dando de manera regular desde que a inicios de este milenio el Banco Central de Reserva de Japón decidió implementar esta flexibilización para salvar a las instituciones financieras del estancamiento en el que se encontraban, y se ha mantenido hasta la actualidad en el gobierno de Shinzo Abe. Así mismo, los Bancos Centrales de Estados Unidos, Reino Unido y la zona euro, han venido aplicando con intensidad esto desde la crisis de las hipotecas subprime del 2008, en donde, de hecho, se puede evidenciar que, gracias al incremento de la masa monetaria y la caída del tipo de interés, se pudo comprar la mayor cantidad de activos financieros de una forma nunca antes vista. Esto significó finalmente el irónico rescate de los bancos y firmas directamente responsables de la precipitación de la crisis, como Goldman Sachs Group, Morgan Stanley, Bank of America, entre otros.

Ya mencionados algunos antecedentes, en el contexto actual de la crisis sanitaria, el pasado 18 de marzo, el Banco Central Europeo anunció el lanzamiento de su programa de compras de activos (PEPP) el cual asciende a 750 mil millones de euros. Por su parte, Estados Unidos a través de la FED ha puesto en marcha el programa QE para intervenir en el mercado de recompra de obligaciones de préstamo garantizadas, y no solo eso, sino que el gobierno de Trump ha apostado por lo que se conoce como el helicóptero monetario, ¿qué es esto? Es básicamente la impresión de dinero por parte de la Reserva Federal, que tiene como objetivo ser repartido entre la población económicamente vulnerable de manera gratuita.

Dicho todo lo anterior, nos queda preguntarnos en qué medida las acciones y recomendaciones del FMI en situaciones de crisis han sido eficaces, no solo para mantener a salvo el mercado financiero -y a sus peces gordos- sino hasta qué punto estas pueden llegar a ser consistentes con sus fines institucionales explicitados en su Convenio Constitutivo, y de manera especial en cuanto se refiere a su compromiso de participar en los acuerdos de colaboración a favor de los ODS que tienen directa correlación con la promoción del empleo, crecimiento económico sostenible y la contribución a la reducción de la pobreza en el mundo entero.

Si bien las recomendaciones emitidas hoy, han sido poco ortodoxas, estas responden a las condiciones actuales en las que nos encontramos, donde el objetivo más importante es intentar oxigenar el sistema, ergo, mantener una estabilidad del orden monetario internacional para no suspender la cadena de pagos en la economía.

Sin embargo, a pesar de la relativa eficacia que en el pasado ha mostrado la aplicación de estas soluciones recogidas y, ahora, sugeridas por el FMI, podríamos mencionar algunos riesgos que distingue Parra (2017) en relación con la falta de garantías para asegurar que los bajos tipos de interés lleguen a estimular un nuevo ciclo de endeudamiento para relanzar la economía al crecimiento, lo que no facilitaría el reajuste económico. Así también, podríamos hablar sobre el aumento de la brecha de desigualdad entre los que tienen más y los que no, si es que lo entendemos en términos del principio del multilateralismo -y no solo de reducción de la pobreza-, el hecho de que los países de renta media y baja financien el consumo de las economías más grandes del mundo, termina siendo un contrasentido para el pretendido bienestar del conjunto de naciones. En este punto nos volvemos a realizar otras interrogantes sobre el continuo uso y recomendación del QE, ¿es que acaso solo esto es viable en economías hegemónicas y altísimamente financiarizadas, que al final del día no ven comprometidas gravemente sus balanzas de pagos y estabilidad monetaria a comparación de los demás países? ¿Y, es por eso que el resto se ven obligados a endeudarse externamente, vía FMI, BM, BID, y demás con consecuencias desastrosas como la crisis de deuda externa de los 80’s?, cosa que ya empezó a ocurrir, con la petición formal de crédito al FMI, por parte de más de un centenar de países. En este escenario, se podría afirmar que:

Al ocurrir esto, el espacio multilateral existente reúne a dos grupos de países claramente diferenciados: los siete ricos y todos los demás. Esto convierte al FMI en un marco de política norte-sur y no en un ente multilateral, entendido como un espacio en el que todas las partes acuerdan por mayoría las decisiones que le convienen al sistema global. (Ugarteche, 2009, p. 57-58)

Debido a esto es importante entender todas las implicancias que conlleva la implementación de políticas fiscales y monetarias expansivas que cuentan con la aprobación del Fondo Monetario, y evitar que se conviertan en una espada de doble filo, principalmente para los países en vías de desarrollo debido al riesgo generado por el virus SARS-CoV-2 en sus economías, quienes no se pueden dar el lujo de aplicar EQ las veces que se requiera. Evidentemente, no se intenta exceptuar y/o desmerecer los otros mecanismos de acción que tiene el FMI, como los préstamos que brinda a los países que tienen economías en desarrollo. No obstante, esto también presenta una problemática al momento de generar resultados, por ejemplo, en las Cartas de Intención firmadas hasta ahora con los estados para adquirir los préstamos, los compromisos a los que se han sujetado han sido todos de corte neoliberal, esto ha devenido en su mayoría en un fracaso para la disminución de las desigualdades. Los economistas Jonathan D. Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri, hacen visible esta afirmación en el artículo publicado el año 2016 en el boletín Finance & Development del propio FMI, titulado “Neoliberalism: Oversold?”.

Más allá de las muchas razones de índole político y estructural que han llevado a que se tenga la impresión de que el FMI es un organismo que responde a los intereses de las grandes potencias y que termina siendo una suerte de Vito Corleone (The GodFather) con los países pobres o empobrecidos-no solo al momento de enfrentar una crisis- para hacerles una oferta que no podrán rechazar. La pandemia por la cual atravesamos nos deja la oportunidad de poder vislumbrar el camino hacia una reforma del diseño económico con una alternativa más prudente, más justa y humana en la distribución de la riqueza. Un modelo nuevo en el que no se rescate tan solo a los acreedores, sino también a los deudores, en donde se evite seguir cayendo en el efecto Cantillon, esto referido a que el dinero realmente no es neutral y de antemano se pueden identificar ganadores y perdedores en la redistribución de la masa monetaria, dependiendo de por dónde entra el nuevo dinero -EQ- en la economía y a quiénes llega primero. Evidentemente, esto solo se podrá lograr si se respeta la idea del multilateralismo como herramienta de diálogo y concierto en el orden internacional.

Por ahora al menos, hemos conseguido poder comprobar más que nunca que el sistema financiero fiduciario se desmorona cuando se ve atacado por algo aparentemente tan abstracto como el dinero, un virus (literalmente una de las cadenas de información protobiológicas más simples y eficientes para transmitirse ad infinitum), porque desnuda el carácter Fiat del valor monetario, como único, presunto, garante de goce y disfrute de felicidad, así como talismán contra el dolor y la muerte.

Referencias:

  1. Parra Barrios, Alberto (2017). Flexibilización cuantitativa: características e impacto en las moléculas de los Estados Unidos y Colombia. Revista Escuela de Administración de Negocios, (82), 1-28. ISSN: 0120-8160. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=206/20652069005
  2. Ugarteche, Ó. (2009). Historia Crítica del FMI. Instituto de Investigaciones Económicas.

Links de interés:

https://www.bancomundial.org/es/publication/global-economic-prospects

https://www.imf.org/external/spanish/pubs/ft/aa/aa.pdf

https://www.imf.org/es/News/Articles/2020/03/23/pr2098-imf-managing-director-statement-following-a-g20-ministerial-call-on-the-coronavirus-emergency

https://www.imf.org/external/pubs/ft/pam/pam45/spa/chap1s.pdfhttps://www.imf.org/external/pubs/ft/fandd/2016/06/pdf/ostry.pdf

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